Publicación aportada por nuestro colaborador "BULLET PROOF"
BULLET-PROOF
Desde el momento que tomo la
decisión de ponerme enfrente de un papel en blanco, tengo adoptada una consigna,
consiste en procurar cumplir con la frase utilizada coloquialmente – no pisar la manguera de otro – tratando
de ser explicito, concreto, si es posible original y por otra parte crear el
interés suficiente pensando en los que decidan leer mis escritos y no me
encuentren repetitivo.
En el presente trabajo
pretendo manejar un asunto el cual empiezo por personalizarlo en mis propias
vivencias desde muy jovencito, y posteriormente en el transcurso del tiempo,
explico diferentes pasajes, el conjunto de los mismos me permitieron acumular
muchas experiencias relacionadas con las armas.
Aún era un chavalín
estudiante de los primeros cursos de aquel antiguo bachillerato, desde el
momento que aparecían por aquellos descampados en los que solían instalarse,
circos, teatrillos ambulantes y el resto de atracciones típicas que siempre
aparecían coincidiendo con la semana de las fiestas mayores, lo que ponía una sonrisa
en mi cara eran las típicas barracas donde se podían utilizar aquellas
remendadas escopetillas de aire comprimido, apuntando y disparando con aquellos
plomillos refundidos miles de veces, yo sabía que cumpliendo cuatro normas
básicas que conseguí aprender a base de fallar muchísimas veces, tenía
asegurado ganar el premio.
Aspecto general de la práctica del
tiro neumático en las típicas barracas de los años cincuenta/sesenta
En
el Frente de Juventudes fue la
institución donde el aprendizaje dio pasos agigantados, siempre controlado por
instructores que cuidaban en todo momento del cumplimiento de las normas de
seguridad, sus enseñanzas en cuanto a la técnica de postura, concentración,
encarar, enrasar el alza con el punto de mira sin descuidar las luces laterales
y conseguir en el tiempo de apnea, ejecutar cada disparo.
Un jovencísimo "flecha" se inicia en la modalidad de "tendido"
Una línea de "cadetes" concursando en la modalidad de "rifle tendido"
Atendiendo una interrupción durante el concurso.
Línea de concursantes esperando la orden de comenzar.
Línea de blancos en el momento de recuento de impactos.
Llegó el cumplimiento del
servicio militar obligatorio, el asunto ya era mucho más serio, me refiero
claramente al tipo de arma, se trataba del fusil de asalto CETME, toda una
experiencia, conseguí ser Tirador de 2ª
clase.
Reincorporado en la vida
civil, el deporte más asiduo que practicaba era el tiro olímpico de precisión
con arma corta (pistolas fabricadas con todas las características técnicas y
estéticas especiales en su ergonomía, para entrenar y competir en este deporte
olímpico), entrenaba algunos días y me inscribía en las competiciones los fines
de semana, en su momento acudía puntualmente a las citas de los campeonatos autonómicos
y nacionales.
Independientemente de la constancia
en la participación de competiciones y campeonatos, el presidente de la Federación Española de Tiro Olímpico me
concedió la medalla de mi provincia por el “Fomento del Tiro Olímpico de
Precisión”, fui fundador, secretario y tercer presidente del club de tiro
de precisión más antiguo de la provincia el “Racó d’Aumedo”, elegido
para formar parte de la Asamblea General
de Madrid de la F.E. de T.O. en representación de los clubes de tiro de
precisión de mi provincia, participe en la misma durante tres años, realicé los
correspondientes cursos lectivos y las pruebas para obtener los títulos de Entrenador y Arbitro Territorial.
El manejo y tratamiento que
ejercí con las armas siempre era con la habitual y debida prudencia que
merecen, así como tenerles mucho respeto desde el momento que tenía en mis
manos cualquier tipo de arma corta o larga, cargada o descargada.
En un tiempo concreto del
pasado, alternaba mi trabajo como bancario
con el de representante de joyería,
viajaba provisto de un muestrario compuesto de piezas auténticas (oro, platino,
brillantes y el resto de piedras preciosas), resalto este aspecto por el motivo
que posteriormente con los años, los muestrarios derivaron su composición
cambiando las piezas verdaderas por otras que no lo eran, decisión que tomaron
los miembros del gremio de joyeros para aliviar las cuantiosas pérdidas
causadas en los atracos y asaltos que venían sufriendo.
En mi caso personal no creo
necesario certificar la siguiente aseveración, ni entonces, tampoco en nuestros
días, ya que lo aprendido en este apartado del mundo de las armas nunca se
olvida, no representaba ninguna problemática emocional, psicológica ni física, la
posibilidad de tener y ser portador de arma y si las circunstancias se
presentan inevitables y justificables, el uso de la misma tampoco representaba
ninguna dificultad, me concedieron la licencia
tipo “B” por tres años renovable antes del vencimiento.
Mi experiencia sirvió para
tomar la decisión de elegir el arma, Smith Wesson la marca, muy importante en
el concepto de garantía de construcción con los materiales adecuados y el
acabado en su conjunto, el revolver
garantiza la imposibilidad del disparo fortuito e involuntario, siempre y
cuando no esté amartillado.
Me decidí por el modelo “66” de acero
inoxidable, básico este material sobre todo para armas que la mayor parte del
tiempo están en contacto con el cuerpo, expuestas a la posibilidad de que la
exudación natural pueda afectarle, equipado con un cañón de 3”, recamarado para
el cartucho calibre 357 W.Mg., munición con cierta capacidad para neutralizar
cualquier situación y con un poder de parada contrastado, el cilindro con capacidad
para seis cartuchos, llevaba acopladas unas cachas de neopreno que prestan un
agarre superior, siempre pensando en el retroceso que genera la fuerza de la
inercia en el momento de disparar un cartucho del calibre 357 W.Mg..
Opté por
el porte situándolo en la parte interior del tobillo de la pierna izquierda,
utilizando una funda especial de la marca “Bianchi” fijada en la parte inferior
de la rodilla y el otro extremo en la parte superior del tobillo, permitiéndome
toda clase de movimientos, aunque siempre tenía que vestir pantalones adecuados
con perneras entre diecinueve y veintidós centímetros de anchura, permitiendo
disimular perfectamente la situación del arma y la accesibilidad que en un
momento dado se pudiese precisar.
Dejo constancia y
exteriorizo las sensaciones que sentía en mi interior desde el momento de
empezar la jornada, incorporando en mi equipamiento personal el arma que me
acompañaría todo el tiempo, lo primero que acudía a mi pensamiento era la “responsabilidad” “cien por cien a mi cargo” y sin contemplaciones, que también sería mi compañera inseparable, mi tranquilidad siempre era relativa, por
una parte todo correcto en cuanto al manejo y seguridad en el caso
de que aconteciera la necesidad de tener que utilizar a mi “compañero”, en este
caso puede decirse que la decisión siempre estaría de mi lado, pudiendo apurar hasta el
último segundo antes de iniciar la acción de sacar el arma, aunque si este
extremo hubiese acontencido, no hay otra alternativa que seguir adelante enfrentando
la situación y las consecuencias que se produzcan o que puedan derivarse,
incluso de terceros, con la imposibilidad de retroceder.
Infelizmente la casuística facilita la información de que en muchísimas
ocasiones la acción da comienzo o la decide la parte contraria,
sorprendiendo siempre nuestra buena fe y cogiéndonos desprevenidos, el hecho de
ir armado habrá servido de bien poco.
En el transcurso de los años que mantuve vigente la licencia, no se me presento jamás ni la
mínima ocasión que pudiese justificar tocar mi revolver para sacarlo del lugar
donde estaba ubicado.
Muchas veces pensé en la
situación cargada de tanta responsabilidad derivada por mi decisión de ser portador de arma corta y la estaba
generando a diario.
Por mi forma de pensar, no me considero una persona
violenta en ninguna de las facetas en las que se puede manifestar, tenía y
tengo muy bien asumido que nunca crearía la posibilidad de violentar a ninguna
persona.
Sensibilizado por la
responsabilidad de ser portador de un arma, no por estar legalizado para
hacerlo, me daba derecho alguno sobre nada ni nadie, era muy consciente de
mi capacidad de actuación con un arma cargada en la mano y este factor era
suficiente para ser muy cuidadoso y prudente en todo.
Mi autentico "tormento" estaba en el desconocimiento de mis propias reacciones en el caso fortuito de que se pudiera producir una situacion de caracter sorpresivo por no esperarla, iniciada por terceros de los que no sabria quienes eran, su capacidad de maldad en la aplicacion de sus intenciones y hasta donde llegaria la osadia en sus acciones.
Tenía días que el kilo y pico
de peso (arma cargada con los seis cartuchos) que soportaba al final de mi
pierna izquierda, llegaba a molestarme, no tenía más remedio que alternarlo con
el porte en la cintura para aliviar el tobillo.
Un buen amigo, jefe militar
al que siempre le gustó mi revolver, tuve el placer de entregárselo como
testimonio de nuestra entrañable amistad.
Han transcurrido más de
treinta años, corrían otros tiempos y las circunstancias seguramente también
eran diferentes, sigo con mi afición y admiración por las armas en general y
todo lo que forma parte del sector donde las mismas tienen su protagonismo.
Actualmente puedo afirmar que
no volveré a cumplir los sesenta y siete, como decía anteriormente sigo con mi
afición, aunque desde otra postura, no por falta de aptitudes físicas, está comprobado
que el deporte olímpico del tiro de precisión es de los pocos, me atrevo a
afirmar que es la única disciplina olímpica, la cual se puede practicar
mientras el cuerpo aguante y las facultades básicas no nos abandonen, de
momento el mío aguanta y que dure.
Mi pasión por toda clase de
“hierros” argot que solemos utilizar en el mundillo de las armas, me inclina
constantemente a dedicar parte de mi tiempo a la investigación, recopilación y
escritura de cualquier tema relacionado con las mismas.
En otro orden de asuntos, que
no se nos escape, no todos los que trabajan en contacto con las armas,
incluyendo por supuesto a los que tienen planeado hacerlo, sienten la misma
atracción por las mismas, pero tampoco se espera que este trabajo sean un “vademécum” para nadie.
En perspectiva y sobre el
papel, existe una necesidad real de información para cierto número de usuarios.
Existe un colectivo
indeterminado de ciudadanos (políticos, jueces, empresarios, joyeros),
poseedores de la licencia B o de defensa personal, a los que les puede
interesar el contenido de este escrito.
– Se han creado grandes
tabúes, prejuicios y errores entre los usuarios acerca del tipo de armas más
adecuadas, calibres, fundas, etc., de hecho, todas las armas, de cualquier
tamaño (armas cortas) se pueden llevar ocultas.
Es cuestión de elegir la
funda y la posición más adecuada.
– Los errores que se puedan cometer en este apartado son los
causantes de los siguientes factores.
Incomodidad: el usuario puede acabar no
llevando el arma.
Inaccesibilidad: no
podrá alcanzarla en el preciso momento que la necesite.
Accidentes: el arma se puede disparar
al engancharse en la ropa o cualquier accesorio que ofrezca resistencia.
Pérdida del arma: puede
suceder al caerse en el momento que se está corriendo, dejarla olvidada porque
la hemos desenfundado para nuestras actividades íntimas, etc.
Un error demasiado frecuente
se produce cuando se ha seleccionado un sistema de porte con el que el arma es
visible para las personas que hay a nuestro alrededor, correremos el riesgo de
ser confundidos con delincuentes, de que nos la arrebaten, o peor aún, de que
los propios delincuentes nos identifiquen como agentes de la autoridad.
Llevar un arma oculta posee
una serie tan amplia de connotaciones en la vida cotidiana del usuario, nos
damos cuenta de que pocas facetas de la misma no se ven afectadas.
En concreto, son de apreciar
las siguientes circunstancias:
– Técnicas: no solo deberemos adquirir equipo adaptado (la funda es
lo más evidente), sino que incluso habremos de usar ropas de mayor talla, o de
corte diferente según la época del año, con el fin de disimular la forma del
arma.
–Tácticas: Será necesario aprender a movernos para evitar que el
arma sea detectada, o incluso que se caiga al suelo.
– Psicológicas: Ir armado las 24 horas siendo un civil con licencia
B, implica llegado el caso, la “mentalidad de usarla”. Muchos dudarán de la
justificación de hacerlo. También deberemos ser conscientes de la RESPONSABILIDAD, por ejemplo, en el
momento de consumir alcohol o drogas, de encontrarnos en determinados ambientes
(zonas de
copas, espectáculos
deportivos, multitudes en general), o de hacer un uso indebido del arma.
– Sociológicas: La gran mayoría de personas se sentirán incómodas o
alarmadas ante un individuo armado que no es identificado inmediatamente como
un funcionario, produciéndose situaciones cuanto menos incómodas.
¿Qué características
generales debe poseer un arma para esta función?
Fiabilidad, ergonomía,
potencia y tamaño.
Tradicionalmente, se han
utilizado 2 tipos de armas para este menester:
– Revólveres de cañón corto en calibres .32, .38 Spl., .44 Spl y .357
Mag. (existen en otros calibres interesantes como el .45 ACP).
Esta es una de las elecciones
más frecuentes, de hecho, hasta la llegada de las Glock subcompactas, el 90% de los agentes de policía
norteamericanos usaban armas de este tipo, ofrecen una buena capacidad de
parada en un sistema compacto y con gran fiabilidad.
Los últimos modelos
fabricados en titanio, escandio e
incluso polímero, son tan ligeros como las pistolas de bolsillo por todo
ello son una buena elección.
Municiones: No todo vale.
Se puede llevar la pistola o
revólver de tamaño estándar, simplemente eligiendo una buena munición que
alcance el nivel de potencia necesario, se estará servido.
La potencia del disparo
dependerá en cierta medida del largo del cañón de la misma, influyendo en su
penetración, alcance eficaz, o expansión.
Por tanto, una necesidad que
la mayoría de autores apuntan, es la de que la munición de las armas “de bolsillo” debe ser MÁS POTENTE
que la de un arma de tamaño estándar, simplemente para compensar la falta de
aceleración debido a su construcción con un ánima más corta.
La práctica totalidad de las
municiones con cargas +P que se
pueden encontrar son de punta hueca, por lo que, tras la modificación del R.A., lo adecuado es no recomendarlas.
Cal. 357 Magnum: esta
munición ha sido un gran éxito disparada por agentes de la Ley norteamericanos
desde los años 30 hasta la actualidad.
Posiblemente es la munición policial
con mejor poder de parada, y sigue siendo efectiva usada en cañones cortos
de 2,5 o 3 pulgadas, dada su alta
potencia (señalado con anterioridad que las armas de bolsillo deben compensar
su largo de cañón con la velocidad de salida), incluso con cargas estándar.
Es
también un calibre relativamente popular.
En defecto de un arma del 44 Special, puede ser la elección más
adecuada para un revólver defensivo.
La funda de arma corta tiene una función principal: transportar el arma mientras no la usamos, de forma que no
entorpezca nuestras actividades, y evitando que ésta se caiga o resulte dañada.
Pero también tiene una función accesoria:
"Que esté accesible cuando la
necesitemos".
En esto influirá nuestra
forma de vestir y nuestras actividades, cuestiones que hay que estudiar
cuidadosamente.
Algunos compran sus fundas o
llevan sus armas en posiciones de moda (lo vieron en alguna película, es más
guay –sobaqueras-), en lugar de delimitar sus necesidades.
La funda para llevar el arma
oculta tiene las siguientes prioridades:
– A pesar de estar oculta,
debe estar accesible rápidamente si es preciso.
Al eliminar el riesgo de que
nos la arrebaten, también eliminamos la necesidad de sistemas de retención de
la misma.
Este tipo de fundas no debería llevar estos elementos.
– Debe ocultar el arma a la
vista del público, disimulando sus formas no solo al permanecer erguido, sino
también al agacharnos, sentarnos, andar, etc.
Como última prioridad, añadiremos
la capacidad de llevar el arma con comodidad, siempre que no comprometa las dos
anteriores.
Muchas personas a las que se les concede la licencia B acaban
dejando el arma en casa tras elegir erróneamente la funda y resultarles
incómodo el ir protegidos.
Tobilleras: un buen lugar para llevar
el arma. En determinados casos, como personas que están mucho tiempo sentadas o
conduciendo puede ser la forma más accesible.
Algunas personas no pueden tolerarlas porque la funda
irrita los nervios de la pierna, además de precisar pantalones de perneras
amplias.
CONCLUSION
FINAL
La legislación
española concerniente con las armas se ha ido convirtiendo estrictamente
restrictiva, no deja de ser un criterio parcial del ejecutivo aplicado al
contenido resultante del legislador, siempre se puede encontrar un punto medio,
tenemos ejemplos en Alemania y Suiza, que sin llegar a la legislación
norteamericana – café para todos - gozan
de leyes aperturistas sin tanta rigidez como las nuestras.
Es un deseo alcanzable conseguir crear una ley para
las armas desde una visión lógica, basada en perspectivas de presente y futuro.
Tenemos que desechar la consabida frase que dice:
“LAS ARMAS
SOLO TIENEN DOS ENEMIGOS, EL OXIDO Y LOS POLITICOS”















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