sábado, 21 de octubre de 2017

AUTORIZACIÓN para TENENCIA y PORTE de ARMA CORTA - LICENCIA de ARMAS TIPO "B"

Publicación aportada por nuestro colaborador "BULLET PROOF"


               BULLET-PROOF       
Desde el momento que tomo la decisión de ponerme enfrente de un papel en blanco, tengo adoptada una consigna, consiste en procurar cumplir con la frase utilizada coloquialmente – no pisar la manguera de otro – tratando de ser explicito, concreto, si es posible original y por otra parte crear el interés suficiente pensando en los que decidan leer mis escritos y no me encuentren repetitivo.
En el presente trabajo pretendo manejar un asunto el cual empiezo por personalizarlo en mis propias vivencias desde muy jovencito, y posteriormente en el transcurso del tiempo, explico diferentes pasajes, el conjunto de los mismos me permitieron acumular muchas experiencias relacionadas con las armas.

Aún era un chavalín estudiante de los primeros cursos de aquel antiguo bachillerato, desde el momento que aparecían por aquellos descampados en los que solían instalarse, circos, teatrillos ambulantes y el resto de atracciones típicas que siempre aparecían coincidiendo con la semana de las fiestas mayores, lo que ponía una sonrisa en mi cara eran las típicas barracas donde se podían utilizar aquellas remendadas escopetillas de aire comprimido, apuntando y disparando con aquellos plomillos refundidos miles de veces, yo sabía que cumpliendo cuatro normas básicas que conseguí aprender a base de fallar muchísimas veces, tenía asegurado ganar el premio.

 
 
Aspecto general de la práctica del tiro neumático en las típicas barracas de los años cincuenta/sesenta

En el Frente de Juventudes fue la institución donde el aprendizaje dio pasos agigantados, siempre controlado por instructores que cuidaban en todo momento del cumplimiento de las normas de seguridad, sus enseñanzas en cuanto a la técnica de postura, concentración, encarar, enrasar el alza con el punto de mira sin descuidar las luces laterales y conseguir en el tiempo de apnea, ejecutar cada disparo.
 
Un jovencísimo "flecha" se inicia en la modalidad de "tendido"
 
Una línea de "cadetes" concursando en la modalidad de "rifle tendido"
 
Atendiendo una interrupción durante el concurso.
 
 
Línea de concursantes esperando la orden de comenzar.
 
 
 
Línea de blancos en el momento de recuento de impactos.

Llegó el cumplimiento del servicio militar obligatorio, el asunto ya era mucho más serio, me refiero claramente al tipo de arma, se trataba del fusil de asalto CETME, toda una experiencia, conseguí ser Tirador de 2ª clase.
 


Fusil de asalto CETME, equipado con el bipode que le permite mas estabilidad, de servicio en el ejército en los primeros años de la década de los años setenta.
 
Reincorporado en la vida civil, el deporte más asiduo que practicaba era el tiro olímpico de precisión con arma corta (pistolas fabricadas con todas las características técnicas y estéticas especiales en su ergonomía, para entrenar y competir en este deporte olímpico), entrenaba algunos días y me inscribía en las competiciones los fines de semana, en su momento acudía puntualmente a las citas de los campeonatos autonómicos y nacionales.
Independientemente de la constancia en la participación de competiciones y campeonatos, el presidente de la Federación Española de Tiro Olímpico me concedió la medalla  de mi provincia por el “Fomento del Tiro Olímpico de Precisión”, fui fundador, secretario y tercer presidente del club de tiro de precisión más antiguo de la provincia el “Racó d’Aumedo”,  elegido para formar parte de la Asamblea General de Madrid de la F.E. de T.O. en representación de los clubes de tiro de precisión de mi provincia, participe en la misma durante tres años, realicé los correspondientes cursos lectivos y las pruebas para obtener los títulos de Entrenador y Arbitro Territorial.  
El manejo y tratamiento que ejercí con las armas siempre era con la habitual y debida prudencia que merecen, así como tenerles mucho respeto desde el momento que tenía en mis manos cualquier tipo de arma corta o larga, cargada o descargada.
En un tiempo concreto del pasado, alternaba mi trabajo como bancario con el de representante de joyería, viajaba provisto de un muestrario compuesto de piezas auténticas (oro, platino, brillantes y el resto de piedras preciosas), resalto este aspecto por el motivo que posteriormente con los años, los muestrarios derivaron su composición cambiando las piezas verdaderas por otras que no lo eran, decisión que tomaron los miembros del gremio de joyeros para aliviar las cuantiosas pérdidas causadas en los atracos y asaltos que venían sufriendo.
En mi caso personal no creo necesario certificar la siguiente aseveración, ni entonces, tampoco en nuestros días, ya que lo aprendido en este apartado del mundo de las armas nunca se olvida, no representaba ninguna problemática emocional, psicológica ni física, la posibilidad de tener y ser portador de arma y si las circunstancias se presentan inevitables y justificables, el uso de la misma tampoco representaba ninguna dificultad, me concedieron la licencia tipo “B” por tres años renovable antes del vencimiento.
Mi experiencia sirvió para tomar la decisión de elegir el arma, Smith Wesson la marca, muy importante en el concepto de garantía de construcción con los materiales adecuados y el acabado en su conjunto, el revolver garantiza la imposibilidad del disparo fortuito e involuntario, siempre y cuando no esté amartillado. 
Me decidí por el modelo “66” de acero inoxidable, básico este material sobre todo para armas que la mayor parte del tiempo están en contacto con el cuerpo, expuestas a la posibilidad de que la exudación natural pueda afectarle, equipado con un cañón de 3”, recamarado para el cartucho calibre 357 W.Mg., munición con cierta capacidad para neutralizar cualquier situación y con un poder de parada contrastado, el cilindro con capacidad para seis cartuchos, llevaba acopladas unas cachas de neopreno que prestan un agarre superior, siempre pensando en el retroceso que genera la fuerza de la inercia en el momento de disparar un cartucho del calibre 357 W.Mg.. 
Opté por el porte situándolo en la parte interior del tobillo de la pierna izquierda, utilizando una funda especial de la marca “Bianchi” fijada en la parte inferior de la rodilla y el otro extremo en la parte superior del tobillo, permitiéndome toda clase de movimientos, aunque siempre tenía que vestir pantalones adecuados con perneras entre diecinueve y veintidós centímetros de anchura, permitiendo disimular perfectamente la situación del arma y la accesibilidad que en un momento dado se pudiese precisar.
 


 
 

Dejo constancia y exteriorizo las sensaciones que sentía en mi interior desde el momento de empezar la jornada, incorporando en mi equipamiento personal el arma que me acompañaría todo el tiempo, lo primero que acudía a mi pensamiento era la “responsabilidad” cien por cien a mi cargo” sin contemplaciones, que también sería mi compañera inseparable, mi tranquilidad siempre era relativa, por una parte todo correcto en cuanto al manejo y seguridad en el  caso de que aconteciera la necesidad de tener que utilizar a mi “compañero”, en este caso puede decirse que la decisión siempre estaría de mi lado, pudiendo apurar hasta el último segundo antes de iniciar la acción de sacar el arma, aunque si este extremo hubiese acontencido, no hay otra alternativa que seguir adelante enfrentando la situación y las consecuencias que se produzcan o que puedan derivarse, incluso de terceros, con la imposibilidad de retroceder.
Infelizmente la casuística facilita la información de que en muchísimas ocasiones la acción da comienzo o la decide la parte contraria, sorprendiendo siempre nuestra buena fe y cogiéndonos desprevenidos, el hecho de ir armado habrá servido de bien poco.
En el transcurso de los años que mantuve vigente la licencia, no se me presento jamás ni la mínima ocasión que pudiese justificar tocar mi revolver para sacarlo del lugar donde estaba ubicado.
Muchas veces pensé en la situación cargada de tanta responsabilidad derivada por mi decisión de ser portador de arma corta y la estaba generando a diario. 
Por mi forma de pensar, no me considero una persona violenta en ninguna de las facetas en las que se puede manifestar, tenía y tengo muy bien asumido que nunca crearía la posibilidad de violentar a ninguna persona.
Sensibilizado por la responsabilidad de ser portador de un arma, no por estar legalizado para hacerlo, me daba derecho alguno sobre nada ni nadie, era muy consciente de mi capacidad de actuación con un arma cargada en la mano y este factor era suficiente para ser muy cuidadoso y prudente en todo.
Mi autentico "tormento" estaba en el desconocimiento de mis propias reacciones en el caso fortuito de que se pudiera producir una situacion de caracter sorpresivo por no esperarla, iniciada por terceros de los que no sabria quienes eran, su capacidad de maldad en la aplicacion de sus intenciones y hasta donde llegaria la osadia en sus acciones.
Tenía días que el kilo y pico de peso (arma cargada con los seis cartuchos) que soportaba al final de mi pierna izquierda, llegaba a molestarme, no tenía más remedio que alternarlo con el porte en la cintura para aliviar el tobillo.
Un buen amigo, jefe militar al que siempre le gustó mi revolver, tuve el placer de entregárselo como testimonio de nuestra entrañable amistad.
Han transcurrido más de treinta años, corrían otros tiempos y las circunstancias seguramente también eran diferentes, sigo con mi afición y admiración por las armas en general y todo lo que forma parte del sector donde las mismas tienen su protagonismo.
Actualmente puedo afirmar que no volveré a cumplir los sesenta y siete, como decía anteriormente sigo con mi afición, aunque desde otra postura, no por falta de aptitudes físicas, está comprobado que el deporte olímpico del tiro de precisión es de los pocos, me atrevo a afirmar que es la única disciplina olímpica, la cual se puede practicar mientras el cuerpo aguante y las facultades básicas no nos abandonen, de momento el mío aguanta y que dure.
Mi pasión por toda clase de “hierros” argot que solemos utilizar en el mundillo de las armas, me inclina constantemente a dedicar parte de mi tiempo a la investigación, recopilación y escritura de cualquier tema relacionado con las mismas.
En otro orden de asuntos, que no se nos escape, no todos los que trabajan en contacto con las armas, incluyendo por supuesto a los que tienen planeado hacerlo, sienten la misma atracción por las mismas, pero tampoco se espera que este trabajo sean un “vademécum” para nadie.
En perspectiva y sobre el papel, existe una necesidad real de información para cierto número de usuarios.
Existe un colectivo indeterminado de ciudadanos (políticos, jueces, empresarios, joyeros), poseedores de la licencia B o de defensa personal, a los que les puede interesar el contenido de este escrito.
– Se han creado grandes tabúes, prejuicios y errores entre los usuarios acerca del tipo de armas más adecuadas, calibres, fundas, etc., de hecho, todas las armas, de cualquier tamaño (armas cortas) se pueden llevar ocultas.
Es cuestión de elegir la funda y la posición más adecuada.
– Los errores que se puedan cometer en este apartado son los causantes de los siguientes factores.
Incomodidad: el usuario puede acabar no llevando el arma.
Inaccesibilidad: no podrá alcanzarla en el preciso momento que la necesite.
Accidentes: el arma se puede disparar al engancharse en la ropa o cualquier accesorio que ofrezca resistencia.
Pérdida del arma: puede suceder al caerse en el momento que se está corriendo, dejarla olvidada porque la hemos desenfundado para nuestras actividades íntimas, etc.
Un error demasiado frecuente se produce cuando se ha seleccionado un sistema de porte con el que el arma es visible para las personas que hay a nuestro alrededor, correremos el riesgo de ser confundidos con delincuentes, de que nos la arrebaten, o peor aún, de que los propios delincuentes nos identifiquen como agentes de la autoridad.
Llevar un arma oculta posee una serie tan amplia de connotaciones en la vida cotidiana del usuario, nos damos cuenta de que pocas facetas de la misma no se ven afectadas.
En concreto, son de apreciar las siguientes circunstancias:
Técnicas: no solo deberemos adquirir equipo adaptado (la funda es lo más evidente), sino que incluso habremos de usar ropas de mayor talla, o de corte diferente según la época del año, con el fin de disimular la forma del arma.
Tácticas: Será necesario aprender a movernos para evitar que el arma sea detectada, o incluso que se caiga al suelo.
Psicológicas: Ir armado las 24 horas siendo un civil con licencia B, implica llegado el caso, la “mentalidad de usarla”. Muchos dudarán de la justificación de hacerlo. También deberemos ser conscientes de la RESPONSABILIDAD, por ejemplo, en el momento de consumir alcohol o drogas, de encontrarnos en determinados ambientes (zonas de copas, espectáculos deportivos, multitudes en general), o de hacer un uso indebido del arma.
Sociológicas: La gran mayoría de personas se sentirán incómodas o alarmadas ante un individuo armado que no es identificado inmediatamente como un funcionario, produciéndose situaciones cuanto menos incómodas. 
¿Qué características generales debe poseer un arma para esta función?
Fiabilidad, ergonomía, potencia y tamaño.
Tradicionalmente, se han utilizado 2 tipos de armas para este menester:
Revólveres de cañón corto en calibres .32, .38 Spl., .44 Spl y .357 Mag. (existen en otros calibres interesantes como el .45 ACP).
Esta es una de las elecciones más frecuentes, de hecho, hasta la llegada de las Glock subcompactas, el 90% de los agentes de policía norteamericanos usaban armas de este tipo, ofrecen una buena capacidad de parada en un sistema compacto y con gran fiabilidad.
Los últimos modelos fabricados en titanio, escandio e incluso polímero, son tan ligeros como las pistolas de bolsillo por todo ello son una buena elección.
Municiones: No todo vale.
Se puede llevar la pistola o revólver de tamaño estándar, simplemente eligiendo una buena munición que alcance el nivel de potencia necesario, se estará servido.
La potencia del disparo dependerá en cierta medida del largo del cañón de la misma, influyendo en su penetración, alcance eficaz, o expansión.
Por tanto, una necesidad que la mayoría de autores apuntan, es la de que la munición de las armas “de bolsillo” debe ser MÁS POTENTE que la de un arma de tamaño estándar, simplemente para compensar la falta de aceleración debido a su construcción con un ánima más corta.
La práctica totalidad de las municiones con cargas +P que se pueden encontrar son de punta hueca, por lo que, tras la modificación del R.A., lo adecuado es no recomendarlas.
Cal. 357 Magnum: esta munición ha sido un gran éxito disparada por agentes de la Ley norteamericanos desde los años 30 hasta la actualidad. 
Posiblemente es la munición policial con mejor poder de parada, y sigue siendo efectiva usada en cañones cortos de 2,5 o 3 pulgadas, dada su alta potencia (señalado con anterioridad que las armas de bolsillo deben compensar su largo de cañón con la velocidad de salida), incluso con cargas estándar. 
Es también un calibre relativamente popular. 
En defecto de un arma del 44 Special, puede ser la elección más adecuada para un revólver defensivo.
La funda de arma corta tiene una función principal: transportar el arma mientras no la usamos, de forma que no entorpezca nuestras actividades, y evitando que ésta se caiga o resulte dañada. 
Pero también tiene una función accesoria: 
"Que esté accesible cuando la necesitemos".
En esto influirá nuestra forma de vestir y nuestras actividades, cuestiones que hay que estudiar cuidadosamente.
Algunos compran sus fundas o llevan sus armas en posiciones de moda (lo vieron en alguna película, es más guay –sobaqueras-), en lugar de delimitar sus necesidades.
La funda para llevar el arma oculta tiene las siguientes prioridades:
– A pesar de estar oculta, debe estar accesible rápidamente si es preciso. 
Al eliminar el riesgo de que nos la arrebaten, también eliminamos la necesidad de sistemas de retención de la misma. 
Este tipo de fundas no debería llevar estos elementos.
– Debe ocultar el arma a la vista del público, disimulando sus formas no solo al permanecer erguido, sino también al agacharnos, sentarnos, andar, etc.
Como última prioridad, añadiremos la capacidad de llevar el arma con comodidad, siempre que no comprometa las dos anteriores.
Muchas personas a las que se les concede la licencia B acaban dejando el arma en casa tras elegir erróneamente la funda y resultarles incómodo el ir protegidos.
Tobilleras: un buen lugar para llevar el arma. En determinados casos, como personas que están mucho tiempo sentadas o conduciendo puede ser la forma más accesible.
Algunas personas no pueden tolerarlas porque la funda irrita los nervios de la pierna, además de precisar pantalones de perneras amplias.

CONCLUSION FINAL
La legislación española concerniente con las armas se ha ido convirtiendo estrictamente restrictiva, no deja de ser un criterio parcial del ejecutivo aplicado al contenido resultante del legislador, siempre se puede encontrar un punto medio, tenemos ejemplos en Alemania y Suiza, que sin llegar a la legislación norteamericana – café para todos -  gozan de leyes aperturistas sin tanta rigidez como las nuestras.
Es un deseo alcanzable conseguir crear una ley para las armas desde una visión lógica, basada en perspectivas de presente y futuro.
Tenemos que desechar la consabida frase que dice:
“LAS ARMAS SOLO TIENEN DOS ENEMIGOS, EL OXIDO Y LOS POLITICOS”
 
 
 
 
 

 
 
 


 


 

 

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